jueves, 1 de noviembre de 2012

Las pelotas de Babieca

Resulta que en mi sesteo onírico me encontré con JFK, al tío parece que le han hecho un lifting oyes, y me dijo que estuviese pendiente de los detalles, que eso es lo que hay que ver y no lo que nos refriegan por las narices. Yo asentía pero por su lado apareció una ambición rubia que no veas y me dio un cate al ver como mis ojos hacían el péndulo de Newton, y rubricó: 
"Esas caderas tienen nombre", y me instó a pensar y arrojar luz. Justo en ese momento salí del trance y apagué la vela; respiré, comprobé la volubilidad del péndulo y comencé a escribir estas notas. 

Desde luego que comenzar con una serie de disparates no es la mejor manera de llamar la atención o conseguir que un tema serio sea tomado como tal, pero la verdad que me trae sin cuidado si los cacahuetes vienen o no sin sal, la cuestión es que haya cuando se buscan. Bueno está, a por el toro que suena el último clarín, jodó como se pondrán los antitau, pero mejor esa expresión que la de: "Cuidado, que el bollo se quema", ahora me las busco con las colegas, mejor empiezo el triduo: 
Resulta que el Fitzcarraldo tenía como vicecolega al Lipton Jonhson & Johnson, que encima era el presidente más alto de la historia de los USA junto al cazavampiros, verás como algunos niños en la escuela, y pavos de ribera de instituto, responden eso y después preguntan que por qué les han cateado, y los padres son capaces de defenderles, ¡porras!, pues el susodicho té helado con champú a la barbacoa, fue su rival en la carrera de los demócratas, y el risueño irlandés lo puso de mano derecha a pesar de que todo el mundo le decía que no: "Johnny, que éste sabe torear", pero nada. A mes a mes, ¡coño! que todavía me acuerdo del catalán, era senador por Texas, y gastaba un lazo de agárrate y no te menees, el lazo era para coger a los terneros no seáis malpensados. Pues al churrita brava del agencia Efe no se le ocurre mejor idea que irse a Dallas después de darle a la lengüilla en un speech (ehn,ehn,ehn) durante el cual el Lipton le miró como si le hubiesen puesto una rodaja de pomelo en el mordecai y un aborigen le estuviese soplando por el orificio beauf con un didgeridoo, imaginaros el flamenqueo que tendría en lo alto. Bueno, pues que en 1963 se cargaron al presi y el vice cogió el cargo, y le echaron la culpa al Osvaldo que luego fue asesinado por el Rubí, y a éste se le aparecieron Tanairí y la dama de rosa, y la espichó súbitamente de un día para el otro, al hartarse de cangrejos radiactivos biónicos que muy amablemente le habían llevado aquellas señoras tan lacrimógenas y que habían recogido de la quilla de un petrolero, el cual se hundió al cabo de muchos años porque se enfadó el del café de Colombia, por los derechos de autor y esas cosas, pobre Ramoncín, como lo hubiese flipao con esta historia. 
Bueno está, y conforme pasaban los años, el del champú a su bola, y los demás diciendo que si la CiA, que si Hoover, que si Nixon, que si la gallina Caponata, que si quesito primaveral con arándanos importados de Bután, pues un enigma. Pero, y espero que todavía os quede materia gris tras esta disparatada retahíla, si el Lipton era de Texas, al Jota se lo hilvanaron en Texas, y según dijo Hunter S. Thompson, oh alabanzas multiorgásmicas continuas sin papel higiénico del elefante u palangana vaginal berrujenta, de allí nada bueno puede venir, o yo estoy para frenopático, o los tejanos tipo Lois hicieron una fritá de sesadas y allí nadie metió los hocicos, más que nada por la amorosa afición que tienen los petroleros Yiiiiiiija por los morritos cuando asisten a los rodeos. 
En fin, yo que pensaba redactarlo en tres líneas y resulta que tengo que dejar para el final la idea primigenia: os insto a escuchar la Texas Fight Song de los Longhorns, de la Universidad de Texas, himno de carga para los deportes de dicha academia, cuyo emblema son unos cuennos como los tiquitones de Yola Berrocal, bizcos hacia fuera, escrito en 1952 por un menda del ejercito o algo así, y la cual se utiliza en funerales militares: no veas, el tío o la tía la espicha, y le ponen la marcha de al ataque, y encima se ponen a sacar los cuernos con la mano izquierda como si estuviesen en un concierto de los Maiden, espero que los toques en partes blandas se los reserven para el convite; pues resulta que el Lipton y señora eran seguidores de pechito partío y ronquera dominical de semana y media con pictolines. Pero ahí no acaba la cosa: buscad la banda sonora de mi idolatrada película: "Las batallas de las colinas del whisky/ The Hallelujah trail", dirigida en 1965 por John Sturges, y allí encontraréis el tema: "Stand up, we'll march to Denver", comparad y luego podréis decir aquello de: "Oh, las americanadas son más complejas de lo que creemos". No tenia guasa el Bernstein.
La conclusión: me voy ya que el gallo ha cantado tres veces y yo no soy Pedro. ¡Miedito!




Babieca: Caballo del Cid; Hombre con pelvis indiscriminada.

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