domingo, 11 de noviembre de 2012

Descanse en guerra. Trabaje en paz




Muy bien pudiese ser el epitafio de algún ilustre político que en un arrebato mesiánico quisiese purificar su alma antes del último viaje, blandiendo un mensaje que englobase todo lo que en aquel momento considerase indispensable: religión, trabajo, guerra o paz, muerte….y lo mezclase con un ingrediente voluble, altamente inflamable, y muy contagioso en un entorno enrarecido y en lugares dónde las altas temperaturas fuesen atravesadas por matojos histriónicos: ¡La Caraja!
La caraja  es ese éter que se ancla a la altura de las meninges y se transmite mediante el aletargado bostezo que denota la influencia de este medio entre la concurrencia, haciendo que broten de ellos encamadas elucubraciones  post-meridian, antediluvianas y chispazos anteriores a la aparición del primer hombre que decidió utilizar ropa interior, aunque algunos eruditos de la materia están comenzando a poner en duda esta suposición.
Según el doctor John Stonton de la universidad de Passanota oeste, situada al este del estado antiguamente conocido como la "flecha del Este": "Ha quedado demostrado mediante el estudio de una serie de individuos aislados (que se prestaron voluntarios sin estar bajo la influencia de alguno o varios narcóticos) en un ambiente similar y con los mismos recursos de cuando se cree aparecieron las primeras prendas íntimas, que el motivo por el cual comenzaron a utilizarse los corsés de partes bajas se debe a una discusión familiar...". El insigne decano del departamento "EQNVANP" (estudios que no van a ninguna parte) prosiguió: "...nos dimos cuenta por casualidad: mientras mi ayudante llegaba con el desayuno mediterráneo me percaté de que algo extraño sucedía en la mana..., en el experimen..., perdón, en el estudio. Una de las hembras comenzó a insultar a uno de los especímenes masculinos recriminándole -el doctor nos obsequió con una cara libidinosa- el uso tan lascivo que hacía de su serpentín con las otras componentes del campamento, lo corroboré por mis cerca de veinte años de estudios en el terreno del lenguaje corporal, la lectura de labios, y porque conseguí dar con el interruptor del equipo de sonido. La susodicha tenía un cuchillo con la hoja sacada de un omóplato de tamandúa y  la empuñadura hecha con el pescuezo de un jabalí que le dejamos en el ecosistema por navidades. Cogió al macho y le puso el cuchillo en sus partes pudendas, y les gritaba a las demás para que no se acercasen. El individuo masculino intentaba dialogar, pero ella lo tenía bien trincado y parecía decirle que aquello era suyo. Tras un par de tensos minutos, el macho metió el rabo entre las piernas y la hembra dominó la situación. El campamento volvió a la calma, salvo los típicos corrillos habituales en el extrarradio, y yo conseguí tomarme el desayuno sin sobresaltos." Tras tomar su frugal desayuno, el doctor observó lo siguiente: "...pero dos horas después del incidente doméstico, pude observar como el espécimen masculino aparecía en el centro del campamento con la pelvis y las posaderas tapadas con las pieles de la loca del cuchillo, y los demás miembros del campamento comenzaron a mirarlo con cara ridícula. Ahí comprobé, gracias a estas condiciones de simulación del ecosistema cuaternario, con la privación de todos los elementos de comodidad del siglo XXI, incluidas las drogas: nos enorgullecemos de no haber utilizado nunca las drogas en nuestros estudios y sí de haber utilizado ¡sólo! recursos naturales, incluidas una serie de vitaminas que se suministran a cada individuo por separado para evitar el riesgo de enfermedades, carencias y lesiones durante los diez años…que diga meses que dura el ejercicio, y los ruidos de la vida moderna, que el origen de esta costumbre se debe a una serie de variables que se lograron resolver, aunque no a gusto de todos: Amor/Celos/Ira/Egoísmo vs Diversión/Miedo. Aunque yo lo dejaría en loca contra mansurrón.
Cuando un colectivo de humanos sea cual fuere su sexo, raza o color, se ve influenciado por la caraja, el ambiente se electrifica de tal manera a dos metros bajo tierra, que a menudo el cosquilleo de electrones sale disparado columna vertebral arriba haciendo que el afectado agite los dos brazos y contraiga las nalgas mientras expulsa un hálito estruendoso que significa el fin o expulsión de la fuerza parasitaria.
Pero volviendo al título de esta gacetilla: muy bien pudiese ser el epitafio de algún ilustre político que en un arrebato mesiánico quisiese purificar su alma antes del último viaje, blandiendo un mensaje que englobase todo lo que en aquel momento considerase indispensable: religión, trabajo, guerra o paz, muerte, y lo mezclase con un ingrediente voluble, altamente inflamable, y muy contagioso en un entorno enrarecido y en lugares dónde las altas temperaturas sean atravesadas por matojos histriónicos: ¡La Caraja !... o, quién sabe si un deseo dividido en dos: No trabajes en/durante las guerras. Trabaja en/durante la paz, o, simplemente, un toque de irreverencia frente al tan manido: "Descanse en paz", porque nos viene a decir que hemos estado peleando toda la vida en una guerra, y, menos pacífico, incluye de todo esa observación.

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