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Gesto de yodo

Huele a limpieza punzante. Un gesto de yodo sobre la memoria intenta esterilizar el rastro de los días que pasaron sin permiso. Gesto de yodo, frío y anaranjado sobre la dermis. No cura, solo detiene la necrosis mientras el aire se vuelve aséptico y el corazón late con un ritmo de autopsia. Bajo la luz fluorescente del pasillo, somos figuras deslavadas, pacientes de una dolencia estructural que no figura en los manuales de anatomía. Me limpio las manos con alcohol y olvido. En el Tártaro, la salud es un simulacro. Solo queda el rastro químico en la gasa y el silencio que precede al diagnóstico
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Entropía sin tregua

El sistema está cerrado. No hay transferencia de energía, solo una pérdida constante de calor en este cuarto de muros densos. Entropía sin tregua: las partículas de lo que fuimos se dispersan en un caos irreversible. Ya no hay orden en el recuerdo, solo ruido estático y fragmentos. Todo lo que era sólido se sublima. El hierro de las palabras se vuelve gas, y el centro de gravedad ha colapsado dejando un rastro de ceniza cuántica. No intentes recomponer el cristal. La flecha del tiempo solo apunta al desastre. En el Tártaro, el desorden es la única paz que nos queda tras el incendio

Hormigón crudo

Arquitectura del silencio. No hay poros en esta piel de cemento, solo una superficie de aristas vivas que devoran la luz del mediodía. Hormigón crudo, vertido sobre los sueños de ayer, fraguando una realidad sin ventanas donde el eco rebota contra el vacío. Siento la presión del encofrado. Las vigas de mi columna se oxidan, mientras el tiempo, esa mezcla densa, se endurece hasta asfixiar el grito. No busques fisuras. En el Tártaro, la solidez es la única ley. Todo es bloque. Todo es peso. Y yo, una grieta que intenta ser verso

Ícaro en el Tártaro

Ascenso fallido por fatiga de material. Las alas, injertos de cera y desidia, no soportaron el peso del sol clínico. Ahora, la gravedad reclama su tributo de calcio. No hay mar que amortigüe la trayectoria. El Tártaro es una geometría de ángulos rectos, un sumidero de hormigón donde el aire huele a ozono y a carne calcinada. Impacto. El cronómetro se detiene en el desguace. Las plumas son ahora esquirlas de vidrio perforando el mapa de una anatomía obsoleta. Bienvenido al estrato inferior. Aquí, Ícaro no es un mito, es solo un residuo más entre el óxido

Crítica de mi novela "El calor del frío"

"La novela nos sumerge en un mundo marcado por la soledad, el desencanto y una sensación casi palpable de aislamiento. Desde sus primeros párrafos se percibe una atmósfera de frío tanto físico como emocional, donde el protagonista se debate entre la desesperación y el anhelo de encontrar algún calor, tanto literal como humano. La narrativa, rica en descripciones sensoriales y metáforas intensas, nos presenta dos facetas: La lucha por la supervivencia y la soledad extrema: En un escenario desolado y casi apocalíptico, el protagonista se enfrenta a la crudeza del ambiente. Cada acción –desde buscar refugio y alimentar su cuerpo hasta encender un fuego para obtener un mínimo de calor– se carga de un profundo sentimiento de urgencia y melancolía. Este comienzo nos sitúa en una realidad en la que el frío y la desesperanza se convierten en metáforas de un aislamiento existencial. La búsqueda de un nuevo comienzo: Paralelamente, la historia introduce a Estanis, un hombre marcado por el...

Sacude tu tristeza

  Donde vas, con la cara que tienes no te da vergüenza, andar por ahí se te nota, la mirada cansada ¿has perdido, o no puedes reír? Si te sientes, como no regresas déjalo todo hecho y suelta tu tristeza Y libera tu mente, no la encierres acaricia al fin, el dulce sabor de lo raro Descansa los día de soledad ahora tienes que probar, antes de dar Despierta, despierta el sueño, que se quedó en tu trastero Y libera tu mente, no la encierres acaricia al fin, el dulce sabor de lo raro Si el cielo se cae encima de ti, míralo desde arriba si el cielo se cae encima de ti, míralo desde arriba

Riendo

  Las nubes me dominan, que lejos queda el sol el cielo se derrite quemando mi dolor Donde queda el camino de regreso a la raíz donde queda la salida que me quiero ir Niños que se esconden, los busco, ¿no los ves? me encierro en mi mundo cuento hasta diez Me sucede, cuando nada me lleva a ganar Que sucede, cuando siento cerca mi final Huyo, persigo y al final me tiendo sobre un manto de nubes grises Sigo corriendo y al final me tiendo en los brazos del mar riendo (riendo) como loco que se lleva el tiempo (riendo) riendo de todo (riendo) como alma que esquiva al diablo (riendo) riendo...

Nochevieja

  Tengo que decirte que no tengo sueños negros y me arrastro por un campo de rosas Que dejé de ser un canto olvidado empujado por las olas Tengo que decirte que me llevan mis demonios al camino lleno de minas esperando, lograr un tanto haciendo mías sus pesadillas Ya tengo mi campo vallado no permito nada anormal sueño con cielos azules fundidos a un mar de coral Siento que huyen las noches etéreas y hay un campo que labrar Donde lleva una hora cuando no queda ni un final y se detiene el tiempo bajo un sueño eterno y encuentro verdes uvas envueltas en un manto de plata haciendo que todo siga igual

El ente

  Seguí mi camino, en busca del embarcadero, mientras no dejaba de oír, los gemidos del tiempo Quizás tardó la lluvia en caer y los olores se hicieron pesados sentí rozar mi cuerpo con el amanecer, rodando tras un manto roído y aislado La razón se quedó en mis labios y la luz cerró las puertas Quien piensa que la muerte es un camino si al final perdemos lo que tanto sufrimos solo en la vida hay que vivir y en la muerte morir Derramado entre hojas raídas que en un mismo lugar acababan mi cabeza era una bala perdida que entre fuegos de artificio descansaba Arrímate a esta cueva negra permite que te haga un guiño en medio de la noche eterna, el cielo es un delirio La razón se quedó en mis labios y la luz cerró las puertas Quien piensa que la muerte es un camino si al final perdemos lo que tanto sufrimos solo en la vida hay que vivir y en la muerte morir

La metamorfosis

 Soy larva que se ignora en el sustrato, un quiste en el tejido del tiempo ciego, esperando la necrosis del miedo para brotar en una forma nueva, informe. No es seda lo que me envuelve en este rincón, es una gasa impregnada de yodo y olvido, un vendaje que oculta la mutación química de quien se sabe, al fin, insecto de asfalto. Saldré de aquí con alas de ceniza vibrante, una efigie patética que boquea en el vacío, dispuesto a chocar contra la luz artificial de los que aún creen, ingenuos, en la cordura.