Soy larva que se ignora en el sustrato,
un quiste en el tejido del tiempo ciego,
esperando la necrosis del miedo
para brotar en una forma nueva, informe.
No es seda lo que me envuelve en este rincón,
es una gasa impregnada de yodo y olvido,
un vendaje que oculta la mutación química
de quien se sabe, al fin, insecto de asfalto.
Saldré de aquí con alas de ceniza vibrante,
una efigie patética que boquea en el vacío,
dispuesto a chocar contra la luz artificial
de los que aún creen, ingenuos, en la cordura.
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Su tabaco, gracias.