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Mostrando entradas de 2026

Gesto de yodo

Huele a limpieza punzante. Un gesto de yodo sobre la memoria intenta esterilizar el rastro de los días que pasaron sin permiso. Gesto de yodo, frío y anaranjado sobre la dermis. No cura, solo detiene la necrosis mientras el aire se vuelve aséptico y el corazón late con un ritmo de autopsia. Bajo la luz fluorescente del pasillo, somos figuras deslavadas, pacientes de una dolencia estructural que no figura en los manuales de anatomía. Me limpio las manos con alcohol y olvido. En el Tártaro, la salud es un simulacro. Solo queda el rastro químico en la gasa y el silencio que precede al diagnóstico

Entropía sin tregua

El sistema está cerrado. No hay transferencia de energía, solo una pérdida constante de calor en este cuarto de muros densos. Entropía sin tregua: las partículas de lo que fuimos se dispersan en un caos irreversible. Ya no hay orden en el recuerdo, solo ruido estático y fragmentos. Todo lo que era sólido se sublima. El hierro de las palabras se vuelve gas, y el centro de gravedad ha colapsado dejando un rastro de ceniza cuántica. No intentes recomponer el cristal. La flecha del tiempo solo apunta al desastre. En el Tártaro, el desorden es la única paz que nos queda tras el incendio

Hormigón crudo

Arquitectura del silencio. No hay poros en esta piel de cemento, solo una superficie de aristas vivas que devoran la luz del mediodía. Hormigón crudo, vertido sobre los sueños de ayer, fraguando una realidad sin ventanas donde el eco rebota contra el vacío. Siento la presión del encofrado. Las vigas de mi columna se oxidan, mientras el tiempo, esa mezcla densa, se endurece hasta asfixiar el grito. No busques fisuras. En el Tártaro, la solidez es la única ley. Todo es bloque. Todo es peso. Y yo, una grieta que intenta ser verso

Ícaro en el Tártaro

Ascenso fallido por fatiga de material. Las alas, injertos de cera y desidia, no soportaron el peso del sol clínico. Ahora, la gravedad reclama su tributo de calcio. No hay mar que amortigüe la trayectoria. El Tártaro es una geometría de ángulos rectos, un sumidero de hormigón donde el aire huele a ozono y a carne calcinada. Impacto. El cronómetro se detiene en el desguace. Las plumas son ahora esquirlas de vidrio perforando el mapa de una anatomía obsoleta. Bienvenido al estrato inferior. Aquí, Ícaro no es un mito, es solo un residuo más entre el óxido