Huele a limpieza punzante.
Un gesto de yodo sobre la memoria
intenta esterilizar el rastro
de los días que pasaron sin permiso.
Gesto de yodo,
frío y anaranjado sobre la dermis.
No cura, solo detiene la necrosis
mientras el aire se vuelve aséptico
y el corazón late con un ritmo de autopsia.
Bajo la luz fluorescente del pasillo,
somos figuras deslavadas,
pacientes de una dolencia estructural
que no figura en los manuales de anatomía.
Me limpio las manos con alcohol y olvido.
En el Tártaro, la salud es un simulacro.
Solo queda el rastro químico en la gasa
y el silencio que precede al diagnóstico
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Su tabaco, gracias.