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Mostrando las entradas etiquetadas como metáfora

Viajando a la dimensión del olvido

Me porté como un famélico truhán, ignorando palabras dichas de verdad, disfrutando con risas ajenas. Desgastado, sin ganas de atacar Noté en tus ojos un triste color, que a mi espíritu hizo desquiciar, me transformé en un chiquillo asustado, eclipsado tras la nube de una flama fugaz. Y siento, como me reviento frente a muros de cristal. Me arrepiento, y me quejo al viento para que deje de soplar Sé que lo perdido no vuelve jamás, lo pasado queda donde debe estar, aunque si sirviera para algo más, hoy me invento una puerta atrás.

Discordancia enigmática de la evolución romántica

Quién eres, qué somos: ¿el vino, la vida, la mofa? ¿Una epopeya ramplona? ¿Un amor de despojos? Ignorante Dulcinea: oscurece la penumbra desafiando a los santos, viviendo sin cuerdas. Perpetuidad pasajera en transición perpetua. Romancero arrítmico, entropía sin tregua. Inesperado golpe de suerte. Realidad roedora, inocencia redentora. Qué somos...¿quién eres?

Al final de la escalera

D e un tejado histriónico emergen, sonidos pálidos adormilados en penumbras pestilentes. Desidia matutina envainada, resiste el canto de impotentes cuervos risueños. Presentimientos sobre suelo quebradizo, se agrandan y terminan por blandir el miedo atenazador. Dónde acaba la escalera de farolas escaldadas, se esconden miradas verdaderas en palabras turradas. Cuatro horas en un segundo. Tus ojos cortaban el aire, repartiendo trocitos en bocas hambrientas. Lobos heridos que huyen del tiempo. Tiburones desdentados. Tu cuerpo se hizo plomizo esperando en un perfecto laberinto perpetuo.

Septentrión

Sí a ti, me dirijo a ti, ¿a quién si no? Eres el único que me oye, y el primero que huye. ¿No fuiste tú el que me descentró? Usurpador del polen mesiánico, h ú meda partitura, reflejo amoroso desgastado sobre el opaco albor oriánico. ¡Dime otra vez que sí!, desvela al gallo antes, y enfría mis manos, y corre las cortinas tras de ti.

Latitud gótica

En el primer escalón a mis perversas pesadillas: oscuridad afilada, entornada; escalofríos premonitorios; cantes quemados; fragancias acorraladas, disonante sermón en esporas de mi antagonista. En el segundo escalón a mis perversas pesadillas: macedonias de incógnitas, atrincheradas; oblicuos estallidos en el aprisco correcto; atolladero alveolar; caricaturas precolombinas en depravada coreografía. En el tercer escalón a mis perversas pesadillas: agridulce pentagrama, retumbante; alcornoques calcinados exudando trementina; aurículas efímeras tarascadas supra eyecciones de escofras domésticas. En el cuarto escalón a mis perversas pesadillas: petrificada osamenta, claveteada; acres cavidades henchidas de inocencia; urdimbre sentimental; circunspectas limazas salivando en Muro Decadencia. En el quinto escalón a mis perversas pesadillas: Luzbel en selvática chimenea oxidada; acuosi...