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Mostrando las entradas etiquetadas como terror

Latitud gótica

En el primer escalón a mis perversas pesadillas: oscuridad afilada, entornada; escalofríos premonitorios; cantes quemados; fragancias acorraladas, disonante sermón en esporas de mi antagonista. En el segundo escalón a mis perversas pesadillas: macedonias de incógnitas, atrincheradas; oblicuos estallidos en el aprisco correcto; atolladero alveolar; caricaturas precolombinas en depravada coreografía. En el tercer escalón a mis perversas pesadillas: agridulce pentagrama, retumbante; alcornoques calcinados exudando trementina; aurículas efímeras tarascadas supra eyecciones de escofras domésticas. En el cuarto escalón a mis perversas pesadillas: petrificada osamenta, claveteada; acres cavidades henchidas de inocencia; urdimbre sentimental; circunspectas limazas salivando en Muro Decadencia. En el quinto escalón a mis perversas pesadillas: Luzbel en selvática chimenea oxidada; acuosi...

Reiniciando

El tiempo. El causante de todo. El que origina y finaliza. El que nadie siente pero todos conocen. El que pasa sin darnos cuenta. El que creemos eterno a veces, y veloz y efímero otras. El que queríamos que fuese rápido cuando niños para ser mayores y lento cuando mayores para no llegar al final. El tiempo. Todo en esta vida se para excepto él…o no. Conocí una vez a una persona que decía que podía "parar el tiempo". Creo recordar que le dije que eso era una paranoia de Carlos Castañeda; "hacer, no hacer, parar el tiempo", pero el me dijo que era verdad, que tenía el poder de detener el tiempo a su antojo. Era una persona cuyo aspecto no denotaba nada extraño en él, excepto su mirada  fría y penetrante. Siempre se ha dicho que los ojos no engañan y este hombre decía con la mirada que era verdad lo que decía o, al menos, se lo creía, así que como no pasa nada por comprobarlo le pedí que me enseñara como lo hacía. " ¿Estás seguro?, puede que luego te a...