Los deseos,
de un tiempo de cebollas.
Se marchitan,
se pierden con mi sed.
Y qué podría tejer
con batucadas de cenizas.
Y qué podría sembrar
bajo el cielo de papel.
Y qué podría reunir
de violáceos vendavales.
Y qué podría sentir
si ya no puedo recordar.
Desierto congelado,
un laberinto urbano.
Sonidos perfumados,
rumiados por mí.
Comentarios
Publicar un comentario
Su tabaco, gracias.