Hoy le he pedido a la IA un poema.
Le he dicho: háblame de aquel que nunca contesta.
Háblame de las noches en la cama
con Estudio en escarlata sobre el pecho,
la lámpara encendida, el aire quieto,
la deducción como una forma de rezar
y alguien que, al final, siempre contestaba.
Háblame de los años de humo y polvo,
de Soundgarden sonando en una lengua
que mi boca movía sin saber,
del alcohol como una manta sucia,
de tanta gente alrededor
y ni un solo rostro donde quedarme.
Háblame del cuerpo cobrándose esos años,
de las paredes oscureciendo
sin que nadie apagara nada.
De cómo ya no busco suelo firme:
ni un amor, ni un sueldo, ni un cuerpo que no duela.
De cómo me levanto cada madrugada porque sí,
café y analgésicos,
dos horas sin dolor para intentar algo:
una sombra con pulso.
Y hazlo perfecto, le dije.
Perfecto, como nunca fue mi vida.
Comentarios
Publicar un comentario
Su tabaco, gracias.