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Mostrando entradas de octubre, 2026

Fue

Fue en otro tiempo: los bares, abarrotados, olían a fritura  y espuma de cerveza, los niños corríamos por las calles de piedra y en el cine del pueblo  echaban La guerra de las galaxias. Salíamos imitando a Bruce Lee. Fue en otra vida: juntábamos chapillas para jugar al subbuteo, de balón un botón plano en suelo raso y de merienda, lo que tocase. Fue hace tanto tiempo ya que las arrugas de mi abuelo ahora son mías y el quejío de los fandangos es este dolor crónico que no me suelta. ¿Fue antes o es hoy? No lo sé. Yo sigo viendo a mi abuela: me mira desde sus gafas y con la voz temblando me dice: —Come chocolate.

Escalofríos

En sus ojos famélicos contemplo imitaciones de Pollock, goteos de cuando los amaneceres fueron violáceos. Cosquillas. Acaricio su pelo y, bajo la tibia palidez, algo crepita: una rosa que aprende a arder. Vértigo. No dice mi nombre. Lo deja en el aire, entre su boca y la mía, como quien pone la mesa y espera. Afuera amanece. No miro de qué color. Hambre. Ahora, la mía.

Dos copas

Déjame que beba vino esta noche, compañera, que no hay hombro en este mundo que soporte ya mi pena. Traigo el cuerpo hecho un derribo y la voz como de tierra, y un silencio que me muerde si la copa se me seca. Bebe tú también conmigo, que te he puesto copa llena, aunque el vino se te quede sin probar sobre la mesa. Se marcharon uno a uno los amigos de las fiestas; solo tú no tienes prisa ni otra casa a la que vuelvas. Que dejé de ser persona, fui quedándome en la niebla, y aun así, mira qué cosa, tú, Soledad, a mi vera.