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Unidos Podíamos

Deseé parar el tiempo y al veneno que nos hizo sordos. Los acordes de un baile quedo, camisa a cuadros y lazos rojos. Deseé un instante eterno, vaqueros mojados, melena en los hombros. Tu voz, tu sonrisa, un requiebro, la esquina de tu calle sin lobos. Deseé un cuadro perfecto. El universo infinito en tus ojos, la osadía de un cobarde sin miedo bajo tu ventana quemando rastrojos. Deseé blandir el viento, espantar de tu vera a los godos, acariciar con ternura tu cuello, elevarte por encima de todos. Deseé parar el tiempo. Camisa a cuadros y lazos rojos. Mi voz, tu sonrisa, un requiebro y al veneno que nos hizo sordos. 

Territorio baldío

Terraplenes, barrancos y laderas escarpadas. Me hastío, me aburro. Calamidad, sonrojo y calderas desdentadas. Soy una sombra mal vestida que languidece tras el lento tremular del último suspiro de un candil imaginario. Amarillo, azul y en ocasiones anaranjado. Indecente, maldito, decadente, proscrito, apátrida y soez. Acongojado con el ulular descompasado de la hipocresía sempiterna. Odioso y odiado, perdido y desatinado. Apabullado y angustiado por la herrumbre cotidiana que emana cada mañana de lamentos que ya no existen. Y me dejo caer. Y un carrillón toca los cuartos. Y la suerte ya está echada y al mirar por la ventana, nada queda ya, nada. Ni siquiera yo. Ni siquiera un requiebro de la última llama.

Diario de un maldito

Las gotas de rocío sobre el alfeizar rezumaban nostalgia. El travieso ronroneo de los gatos sobre el tejado, el revoloteo revoltoso de los incansables gorriones, y la calma infinita de una mañana compungida, anclada en el comienzo de un final ya decidido, se batían en aterciopelado duelo con el frenesí cafetero de un suspiro clarividente de perfidia carente. ¿Utopía?...Puede. O tan solo un resplandor titánico de sus deseos en la evaporada escarcha, o la pertinaz sequía secular de su imaginación redentora y tiránica, despistada entre los vetustos pliegues de la idolatría defenestrada, que quizás se alzara hacia el sendero del recuerdo original, el cual se diluyó en el infestado acuífero de calamidades, y cambió el romanticismo por una mortaja de azahar, marchito y recurrente, cuando su coraje peregrino se desvistió del sonambulismo inducido por el colérico temblor del destino ajeno. "¿Sueñas con tus palabras o prefieres mis caricia...

La marcha atrás

Sobre tu excelso floripondio, descargué tres salvas de bienvenida: la primera te dio en la frente, las otras dos, palidecieron tus mejillas. Y me dijiste envilecida con los ojos como platos: ¡Dios mío de mi vida! ¿Cuánto llevas sin echarle de comer al gato?

Frigidez tecnológica

Utopía recelosa, frascos de parsimonia. Camposantos de victoria, monederos con raposa, madrugadas caprichosas. Majaderos sin caminos, ósculos saturninos. Magnanimidad forzada,  desconfianza bizarra: ¡Putas flores de silicio!

La monotonía de lo grotesco

Si tuviese que comenzar esta historia por un principio que fuese coherente, dejaría de ser un relato fidedigno de los hechos acontecidos en el lugar que mi mente quiso olvidar, y pasaría a ser una relación de situaciones carentes de interés para ser contadas, pero a menudo, la monotonía se nutre de un halo misterioso y se convierte en la mayor de las excentricidades, donde lo absurdo se une a lo racional y lo ilusorio planea con sorna sobre las mentes sin que ellas lleguen a percatarse de ello.  No sabría puntualizar si lo que voy a contar ocurrió a hora temprana o se alargó durante toda una jornada o varias semanas, tan solo sé que comenzó con una pregunta tan común que nada en ella hacía presagiar que fuese el detonante del mecanismo que transformaría las vidas de los allí presentes para el resto de sus días:  - ¿Está lloviendo? La taimada chica encargada del establecimiento se restregaba los mu...

Romance matemático fallido

Siento brotar los latidos que otros no distinguen. Acongojado por suspiros infinitesimales, oteando rancios sistemas rectangulares que opulentos maestros nauseabundos miden. Irrealmente definido por parábolas artificiales, sumido en una indefinición de valores, arrastrado por una elipse hecha de cobre, antónimo de una serie de teoremas elegantes. La combinatoria de nuestros elementos comunes, te apartó como cifra significativa resultante de una proporción divina de dos figuras excéntricas en paradoja sibilina. Y cómo grupo cíclico resistí tu hipótesis homogénea, paralogismo imberbe de una paridad, planos paralelos fuimos al final : Radicación última en mi deducción reflexiva pétrea.

Viajando a la dimensión del olvido

Me porté como un famélico truhán, ignorando palabras dichas de verdad, disfrutando con risas ajenas. Desgastado, sin ganas de atacar Noté en tus ojos un triste color, que a mi espíritu hizo desquiciar, me transformé en un chiquillo asustado, eclipsado tras la nube de una flama fugaz. Y siento, como me reviento frente a muros de cristal. Me arrepiento, y me quejo al viento para que deje de soplar Sé que lo perdido no vuelve jamás, lo pasado queda donde debe estar, aunque si sirviera para algo más, hoy me invento una puerta atrás.

De ruiseñor a cuervo desplumando ruiseñores

Es la insana ponderación un paradigma blandengue en prêt-à-porter agreste; adulador de la escisión e inconsciente mondrigón de alardes menesterosos, andares escabrosos, sempiterno badulaque con ansias de escaque y horizontes esponjosos.

Intrepidez neófita entre cínicos laureles

Chaparrones de legajos, barcarola sin motivo. Si tú quieres los archivo y hago un bucle de trabajos con tirabuzones lacios. Me refugio en la paciencia tanteando la experiencia. Mis rótulas por montera: ¡Satánica escalera! Vaya examen de conciencia.